La Verdad



Muchas veces afirmamos o negamos cosas basadas en la verdad. Razonamos en base a interpretaciones, preguntas, indagaciones y testimonios, y a partir de ello establecemos la realidad, es decir, la verdad. 

No obstante... 

¿Qué sucede cuando es más complejo determinar esa verdad? ¿Qué pasa cuando hay diferentes puntos que no suelen concordar? ¿O posiblemente, testimonios o diferentes versiones de lo que “realmente” pasó? 

Esto fue lo que sucedió en 1988 con la familia Friedman. Acusados de abuso y maltrato a menores, el padre y uno de los hijos, Arnold y Jesse respectivamente, fueron encarcelados después de un gran proceso para determinar su inocencia o su culpabilidad.

La verdad se define como la “adecuación entre una proposición y el estado de cosas que expresa”
(GoogleSearch, 2018). En este caso se trató de “adecuar” la sentencia ante los hechos que se presentaron e investigaron. Esto con el fin de hallar la verdad real de lo sucedido.

En aquella época, tras encontrar revistas de pornografía infantil y entrevistar a los niños que asistían a clases de informática con ellos, se declararon culpables. Al parecer, todas las pistas y las evidencias llevaban a eso, a la verdad. Sin embargo, años después se realizó el documental Retratando a los Friedman (Jarecki, 2003) en el cual son entrevistados los involucrados en el suceso (madre, hijos, hermanos, niños que en ese entonces tomaron las clases, policías, detectives) dando su propio testimonio de lo que “realmente” pasó. Los hijos consideran que no fueron culpables de tales acusaciones, así como algunos alumnos dicen no haber dicho la “verdad” y haberse sentido manipulados para decir cosas que no sucedieron.

Entonces ¿qué pasó? ¿Quién dijo la verdad? ¿Cuál fue la verdad?

Pienso que en ese momento, después de revisar el documental, tal vez no se siguieron los protocolos y criterios adecuados principalmente con las entrevistas a testigos que en este caso fueron niños y tienen una psicología diferente. Algunas personas ya adultas ahora, mencionan que los entrevistadores los presionaban con afirmaciones, en vez de hacer preguntas de forma abierta para averiguar qué y cómo sucedió. Además, se muestra que la familia, especialmente los hijos, no estuvieron de acuerdo en que su padre se declarara culpable; creían en su inocencia. Por ello, creo que, con estas dos investigaciones, la inicial y la del documental, se abre el caso nuevamente dejando en tela de juicio la “verdad” de lo sucedido, de su culpabilidad o de su inocencia. Los criterios que se utilizaron, ahora no se ven tan claros como tal vez les pareció a algunos en aquel momento. El proceso de los testimonios y las investigaciones parecen actualmente un poco deficientes lo que afectó la vida de muchas personas.

Desde mi perspectiva, pienso que los criterios tomados fueron correctos (investigación, detectives, testimonios y entrevistas). No obstante, su proceso no fue el mejor. Como mencioné anteriormente, los testigos fueron presionados no tomando en cuenta que eran niños; uno de los acusados terminó declarándose culpable sin estar cien por ciento de acuerdo; entre otras situaciones. El juicio no se gestó correctamente para darle justicia a quien merecía (cualquiera de las dos partes que fuera).

Finalmente, respecto al caso, nunca se sabrá qué fue lo que realmente pasó debido a que actualmente uno de los acusados falleció y en el momento no fue adecuado el juicio, aunque podría ser que exista una posibilidad de llegar a la “verdad”, de ello no podemos estar seguros. Porque para llegar a la verdad debe existir un proceso donde se compaginen todas las partes, donde cada uno de los criterios que se elijan sean los mejores y se realicen de la manera más fiel posible. Ya que en esta situación nadie puede expresar la verdad propia como único hecho sino que es adecuado hacerlo como un común acuerdo en base a evidencias y recopilación de datos tangibles y no supuestos. De realidades comprobables y bajo las condiciones correctas. Dentro de cada uno de estos procesos hay ya protocolos claves a seguir que van dando la pauta para ir avanzando porque al final debemos recordar que el hallar la verdad afectará a más de una vida, con libertad o condena.

Ahora bien -cambiando la situación específica del caso pero manteniendo el mismo enfoque-para adentrarme un poco más en la cuestión de determinar la verdad desde un “uso” cotidiano, un día a día, sin involucrar juicios o leyes, más bien conversaciones y decisiones que se nos presentan en el andar de nuestra vida, revisé el texto de Terricabras (2006) llamado Verdad y conocimiento de su libro Atrévete a pensar. La utilidad del pensamiento riguroso en la vida cotidiana. En éste, se plantea la libertad de expresión, en la cual, todos somos libres de dar “nuestra verdad”, nuestra opinión, nuestra razón. A partir de ello entonces, se cuestiona el hecho de si todos tenemos una verdad ¿Quién la tiene realmente?

Esta pregunta lleva al análisis del cómo determinamos que lo que se dice verdad o que alguien tiene la razón. De acuerdo a Terricabras (2006), nosotros lo determinamos bajo criterios ya establecidos en nuestra mente y casi de forma automática. Cuando escuchamos lo que alguien dice, sus palabras pasan por un “filtro” propio, donde vamos determinando cuanto concuerda y cuanto no, para finalmente discernir si, según nosotros, tiene o no razón, o dice o no la verdad. Cuando se hace en grupo o se discute con alguien más sobre alguna verdad, es necesario aclarar antes en base a qué criterios se va a discutir para enfocarse en ellos. Para ilustrar, menciona a los futbolistas, decir vamos a decir quién es el mejor pero en base a… goles, rendimiento, premios, etc. Es por ello, que la verdad es flexible y tiene distintos campos en donde se encuentra; algunas veces viene de experiencias y algunas otras de la lógica, por ejemplo.

No obstante, según el autor, cabe resaltar que la verdad es un tipo de razón y para llegar a ella debemos irnos formando a base de criterios que nos parezcan buenos, familiares, desde nuestro propio ser y para que lo apliquemos en nuestra vida diaria. Y esto es relevante porque hay veces en las que no podemos seguir protocolos ya establecidos, como en el caso de los Friedman, que te guían sino que nos quedamos “en blanco”. Esto podemos verlo, como se menciona, como algo positivo que nos lleva a la reflexión y al conocimiento ya que para poder emitir un juicio –y no caer en el prejuicio- debemos conocer exactamente, o tener el mayor de datos posibles de la situación que estamos evaluando. Asimismo, es importante saber que la verdad no solo debe estar en una persona sino que puede estar compartida, es decir, que todos tengan una parte de razón, ya sea porque les faltan detalles, su punto de vista está limitado por ello, o bien, porque no tiene los criterios necesarios para decir otra cosa. Con esto entonces, podríamos tener verdades repartidas.

Personalmente, concuerdo con  la propuesta de Terricabras (2006) ya que pienso que la verdad y a razón puede ser cierta desde diferentes perspectivas así como que existen criterios a tomar en cuenta cuando se desea tomar una decisión respecto a esta. Sin embargo, que estos criterios van a diferir si son situaciones de la vida diaria –y que muchas veces nos cuesta más trabajo determinar si algo es verdad o no o si tienen razón o no, haciéndonos replantear nuestros propios criterios (en ocasiones a preestablecidos)- o si son situaciones que son más de un corte legal y que tienen procesos a seguir, como sucedió con los Friedman. Respecto a esto, desde la propuesta de Terricabras (2006), al momento de llevar el caso al igual que el juicio sí se llevó a cabo una selección previa de criterios, como el antecedente de las revistas de pornografía infantil, los testimonios de los estudiantes de informática, testigos, etc. No obstante, al emitir un dictamen, o bien, al revisar la situación años después, se encontró problemas de claridad y de protocolos en cuanto a entrevistas de niños, como mencioné anteriormente. No faltó el establecimiento de criterios sino la claridad en la recopilación del contenido de cada uno de ellos.

En conclusión, me gustaría hacer una reflexión sobre la conferencia de Chimamanda Adichie “El peligro de una sola historia” (2009). En ella, demuestra que no hay una sola verdad como se menciona en los párrafos anteriores pero de una forma distinta: la literatura. Ella, originaria de África, cuenta que cuando era pequeña solía leer libros provenientes de Estados Unidos o de Inglaterra por lo que al imaginar sus propias historias, pensaba en niños rubios y ojos azules haciendo cosas que nadie hacía en su lugar de origen. Posteriormente, cuando fue a Estados Unidos a estudiar la universidad se encontró con el hecho de que su compañera de cuarto la veía como un ser completamente diferente a ella. Pensaba que no podía encender una estufa, que hablaba otro idioma o que escuchaba una música tribal africana. En este punto, se dio cuenta del poder que tenía el estar expuestos a una sola historia, es decir, a una sola versión de la realidad de alguien, de algo, o de algún lugar. Y ella comparte su propia experiencia de también haber caído en esta situación, al hacer un viaje a México en donde pensaba encontrar solo inmigrantes que dañaban sociedades.

Desde mi perspectiva, pienso que es correcto que muchas veces nos dejemos llevar, influenciar sobre lo que nos rodea, especialmente por las historias que escuchamos, que vemos, o que nos dicen. Incluso sucede en versiones que tenemos de nuestro propio país, en los noticieros solo vemos problemas, accidentes, presentando solo cosas negativas haciéndonos muchas veces perder la esperanza en nuestra sociedad. Y frecuentemente los más poderosos son los que manipulan –tanto personas, gobiernos así como países- la información que llega hasta nosotros. Por ejemplo, en el área de la salud –de la cual mi carrera (Nutrición y Ciencias de los Alimentos) forma parte- hace poco se supo de un caso de unprofesor/investigador/doctor de Harvard llamado Piero Anversa (Tele13, 2018), el cual había descubierto la regeneración cardiaca a través de células madre. Con esta noticia, y la publicación de muchos más estudios que comprobaban lo dicho, recibió millones de dólares de recursos públicos. No obstante, muchos otros científicos al intentar replicar este hecho les resultaba imposible lograrlo. Con estos indicios y una investigación se determinó el gran fraude que había hecho el medico a través de 31 estudios publicados, y Harvard retiró los trabajos declarando lo sucedido. Con ello podemos ver que muchas veces las instituciones se van formando un renombre del cual presumir, como Harvard, instaurándose la autoridad y presentándose como un lugar al cual no se le puede negar algo, es decir, todo lo que dice es verdad. Como profesionales de la salud nos basamos en artículos científicos para poder emitir juicios, tomar decisiones, y dar recomendaciones. Cuando sucede esto es algo realmente impactante ¿Cómo una “gran institución” de la cual “no dudamos” permitió que esto avanzara? He aquí la importancia de las verdades, las versiones, y principalmente del hecho de que el poder de ciertos lugares afecta lo que vemos y de lo que nos influencian tanto personal como profesionalmente.


Olvidamos a menudo las cosas positivas formándonos ideas erróneas, o bien, carentes del otro lado de la moneda. Porque somos un todo, conformado por cosas buenas y malas, de muchas historias no de una sola.


Bibliografía & Reflexión basada en lo siguiente:

GoogleSearch. (2018). Verdad. Recuperado de https://www.google.com.mx/search?q=verdad&oq=verdad&aqs=chrome..69i57j69i60j69i61j69i65l2j69i60.1119j1j7&sourceid=chrome&ie=UTF-8

Jarecki, A. (2003). Retratando a los Friedman [Film]. Andrew Jarecki.

Terricabras, J. (2006). Atrévete a pensar la utilidad del pensamiento riguroso en la vida cotidiana (pp. 101-120). Barcelona (España): Paidós Ibérica.

Adichie, C. (2009). El peligro de la historia única [Video]. TEDGlobal.

Tele13. (2018). Harvard admite que estudios que prometían revolucionar la medicina eran falsos. Tele13. Recuperado de http://www.t13.cl/noticia/tendencias/harvard-admite-estudios-prometian-revolucionar-medicina-eran-falsos

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