Cuando te cuestionas que tan común es el sentido (común)


“…la lluvia moja…el fuego quema…” (Geertz, 1996) 



El sentido común siempre está presente en nuestras vidas, desde pequeños lo escuchamos nombrar y por ende lo adoptamos como propio, pero sin cuestionarlo, sin ir más allá. Por lo tanto, el sentido común se entiende constantemente- o al menos de mi parte- como algo inherente a nosotros y que debiera de ser algo completamente “natural”, algo con lo que todos debemos contar por alguna razón. Por ejemplo -como el texto mencionaba- nadie duda de los postulados establecidos al inicio de esta entrada. Además, ¿Cómo se mira a alguien que  hizo todo lo contrario a lo que el sentido común indicaba? Porque esto era algo obvio ¿no es así? Estas preguntas me dieron pie a cuestionarme y por primera vez preguntarme ¿Cómo funciona mi sentido común? ¿era algo 100% colectivo o era mi propia interpretación? 

El análisis que se hace en la lectura acerca del sentido común está basado en distinto ejemplos comparativos. Estos van enfocados a explicar cómo es que muchas veces este sentido común se va a entender dependiendo del lugar/cultura en la que se ha crecido. Formamos parte de cierto grupo o de cierto país o de cierto círculo, ¿Cuál será nuestro sentido común? ¿Qué nos indica la sociedad en la que vivimos? Cada grupo tendrá su manera de interpretar lo que vive, lo que ellos consideran de determinado aspecto. Para ilustrar, se menciona en el texto que los aborígenes australianos ven su entorno como una transformación que sufrieron los ancestros totémicos, es decir, ellos le dieron el aspecto que tiene el paisaje actual. 

Ahora bien, el sentido común se compone de cinco propiedades, las cuales se enumeran a continuación: naturalidad, practicidad, transparencia, asistematicidad y accesibilidad. La primera, se refiere al hecho de que el sentido común resulta como algo propio del ser humano y, a su vez, se explica las siguientes dos características. Ésta indica que al tomar decisiones se suele optar o pensar en la más obvia y sensata. Por otro lado, la asistematicidad se dirige hacia el ámbito donde el mismo sentido común es a su vez tan común como contradictoria. La diversidad que lo compone crea un gran mundo a su alrededor, tanto de experiencias como de interpretaciones. Éste se vuelve complejo no en sí mismo sino en el aspecto de que se encuentra en las cosas y dichos más cotidianos, en los más “chusco”. Pero esto no significa que sea menos sabio, es más, es todo lo contrario.

Finalmente, cabe ahondar en la última propiedad: la accesibilidad. Esta nos lleva a un resumen, o más bien, en donde terminan todas las anteriores. Todos nosotros, todas las personas poseemos nuestro propio sentido común, el cual a pesar de ser algo compartido, establecido por la sociedad donde vivimos y por ser de carácter colectivo, sigue basado en nuestra capacidad de razonar y nuestras experiencias. Debido a esto, cada una de las personas se siente experta en el tema, es decir, en el sentido común. Éste se vuelve algo natural a nuestras miradas, protegiéndonos en su mayoría de situaciones graves, es una alerta ante las contradicciones del día a día, de las incoherencias de la vida y de las mentiras enmascaradas.

En conclusión, nuestra sociedad, el lugar en donde vivimos, nuestra cultura, nos define nuestro propio sentido común. Éste se ha ido creando a través de los años en nuestros antepasados y recayendo en cada uno de ellos hasta llegar a nosotros y al final uno mismo darle nuestra connotación. Estas implicaciones, como se menciona anteriormente, pueden llevar a distintas interpretaciones dependiendo del grupo al que pertenecemos; como, por ejemplo, el texto menciona la idea que se tiene de por que pasan ciertas cosas negativas en nuestra vida ¿son castigos, culpas, destino?

Al pasar de nuestras vidas veremos la certeza que tiene el sentido común. Dejándome al final preguntas claras ¿Cómo está constituido mi sentido común? ¿pienso que está presente en mis decisiones? ¿lo comparto con los de mi alrededor? ¿me ha funcionado a lo largo de mi vida? Me di cuenta de que mis experiencias y mi forma de vida lo construyeron y que efectivamente era similar al de los que me rodean. No obstante, con connotaciones personales que lo hacen ser diferente y de una forma particular y peculiar que me hace reaccionar de cierta forma a las situaciones, una forma de reaccionar como Luisa.


Bibliografía & Reflexión basada en el siguiente texto:


Geertz, C. (1996). Conocimiento local. Ensayos sobre la interpretación de las culturas. Barcelona: Paidós, pp.93-116.


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Link a otra reflexión basada en el mismo texto:

Foto de esta entrada tomada de Flickr: 

Comentarios

  1. Luisa, se nota que estás tratando de explicarte con claridad en tu entrada, creo que vendría bien que utilizaras más ejemplos propios para que podamos comprender mejor lo que intentas decirnos, tal vez pueda funcionar el método comparativo que usa Geertz. Yo te preguntaría, ¿cómo es que aprendemos a utilizar el sentido común? ¿Cuándo parece que no lo hemos aprendido bien? ¿Qué consecuencias tiene?

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    1. El sentido común se va formando a medida que crecemos, se desarrolla junto a nosotros. Se compone de tus experiencias, de la sociedad y cultura en la que vives. Es por ello, que pienso que el sentido común se aprende pero que también aprendemos de él. Nos damos cuenta al reflexionar, qué es lo que pensamos, en qué estamos en acuerdo o desacuerdo, en cómo nos hemos ido desarrollando al pasar de los años y por qué reaccionamos de cierta forma a distintas situaciones. No obstante, muchas veces hacemos lo contrario al sentido común, a lo "lógico", tal vez porque estamos explorando otros puntos de vista, o bien, actuamos sin pensar dejándonos llevar. Asimismo, cuando rompemos ciertos paradigmas los otros pueden llegar a pensar que no lo aprendimos bien pero es más bien que estamos reconstruyendo nuestro sentido común en base a nuevas ideas.

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